La Ley de Mediación con prisas…

El proyecto de Ley de Mediación en asuntos civiles y mercantiles entra, sin previo aviso, “como un elefante en una cacharrería”.

Son varios los puntos que ofrecen más sombras que luces y, sobre todo, crean una importante incertidumbre.

1) La formación del mediador. Está claro que la formación del mediador es totalmente insuficiente porque no se regulan los contenidos ni horas mínimos necesarios para ser mediador. Además es preocupante que baste con tener un título universitario (cualquiera) o educación profesional superior.

La mediación para todos y por todos hace que nazca herida de muerte porque no se le da el mérito necesario ni a la figura del mediador, ni a su formación; toda vez que el artículo 24.3 del proyecto de ley determina que el acuerdo del mediador es título ejecutivo.

Democratizar tanto una figura tan importante de solución de conflictos supone abrir demasiado la mano y permitir que nazca en crisis la herramienta.

2) La responsabilidad del mediador. El legislador no se fía del mediador y me explico. Si comparamos la responsabilidad de los árbitros recogida en la Ley 60/2003, de arbitraje que establece la responsabilidad de los árbitros por dolo, temeridad y mala fe con la responsabilidad de los mediadores por culpa, parece evidente que se crea un hecho diferenciador en dicha figura importante.

3) La sesión informativa gratuita recogida en el artículo 18.3, para los supuestos de mediación obligatoria, no recoge la entidad ni los plazos que abonará, en su caso, dicha sesión, cuando ésta se realice en una Institución de Mediación. Las entidades no están para financiar los pleitos y el legislador deber tenerlo presente.

4) Efectos de cosa juzgada y ejecutabilidad del acuerdo de mediación. Como dice parte de la doctrina, la única diferencia entre el arbitraje y la mediación reside en que ésta última es un procedimiento de puertas abiertas, es decir una parte puede salirse en cualquier momento del procedimiento de mediación. Abrir la mano de la mediación con efectos tan drásticos puede suponer la crisis de la herramienta.

5) Muchos aspectos se desarrollaran con un Reglamento posterior pero no se mencionan los plazos.

Aprendamos de las experiencias de nuestros vecinos. En Italia, el legislador ha previsto una serie de beneficios fiscales (para incentivar la mediación) que permiten desgravar de la renta hasta 500 euros del coste de la mediación. No se paga ningún tipo de tasa, solicitud de copias, etc. Es interesante hacer lo propio para sociedades de capital. En caso contrario, la falta de cultura y de determinación harán que la mediación brille… por su ausencia.

Más información.

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