La Audiencia Provincial de Madrid da la razón a Puma

Arbitraje Puma-Estudio 2000

Arbitraje Puma-Estudio 2000

El conocido fabricante alemán de textil y zapatos deportivos Puma AG se ha librado de abonar 98 millones de euros a la empresa Estudio 2000, con sede en Elche, Alicante. Estudio 2000 ha sido la dueña de la marca en nuestro país hasta diciembre de 2009, momento en el que la compañía germana optó por no renovar contrato y recuperar el control de la firma. En junio del año 2010, un laudo dictó que los alemanes, a modo de compensación, debían desembolsar una cuantiosa indemnización a los alicantinos. No obstante, se da la razón a Puma AG, después de que estos presentaran recurso ante la Audiencia Provincial de Madrid.

Sse anula el laudo debido a que se excluyó a uno de los árbitros del tribunal de la deliberación del fallo. Según la Audiencia, el indebido ordenamiento de la decisión “entraña desamparo”.

Según publica Expansión en su diario de hoy, Puma recurrió el laudo por haberse deliberado, votado y dictado sin intervención de uno de los componentes del tribunal arbitral. Entendía, por tanto, que se había infringido el principio de colegialidad lo que suponía una contravención del orden público.

Por su parte, Estudio 2000 alegaba que la nulidad del laudo sólo puede fundarse en los motivos tasados en el artículo 41 de la Ley de Arbitraje.

Sin embargo, la Audiencia cree que, dada la generalidad de la formulación de este precepto, “pueden considerarse como causas de anulación supuestos no previstos expresamente en él, pero que resulten subsumibles o deducibles de los relacionados en él”.

El tribunal, por tanto, ve “estéril” el alegato de que la Ley no cuenta con una referencia explícita a un principio de colegialidad aplicado a la institución arbitral. Lo relevante es si lo denunciado por Puma -la exclusión de uno de los árbitros de la deliberación- vulnera alguno de los derechos fundamentales para retar una acción de anulación del laudo”.

Ha quedado probado que en el laudo que recibieron las partes constaba que la decisión se había tomado por mayoría del tribunal y que uno de sus miembros aún no había prestado su conformidad.

Sin embargo, la Sala considera que el laudo no fue adoptado por mayoría. Cuando se reunieron los dos miembros que lo pactaron “el colegio arbitral aún no había adoptado ninguna solución concreta, pues existían diversas posibilidades abiertas”.

A juicio de los magistrados, se excluyó a uno de los árbitros de la última fase de deliberación y del fallo. Según la resolución, “se le presentó el acuerdo como una decisión definitiva, que no admitía ningún tipo de contribución”. Además, la notificación inmediata a las partes “convirtió en ilusoria y ficticia” la posibilidad de formular un voto particular.

La Sala concluye reprochando a los árbitros que esgriman razones de celeridad “como justificación de su incorrecto proceder, que vició la regular conformación de la decisión del órgano arbitral” (AP Madrid, 10/06/11, Sª 200/2011).

Fuentes informativas: El arbitraje del Emperador y Expansión.

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